Detrás de la enorme máquina fresadora hay una fuga de aceite. Todos los días antes de comenzar el trabajo se comprueban los niveles de lubricante y se repone el faltante, aproximadamente unos 3 litros. Al terminar la jornada, aserrín y trapo mediante, el operario limpia concienzudamente el charco.
A simple vista pareciera ser una más de las múltiples tareas rutinarias que se llevan a cabo dentro de cualquier fábrica alrededor del mundo si no fuese por lo extraordinario de la situación. Durante 3 años el operario colocó por un lado al comienzo del día 3 litros de aceite que al final del mismo limpiaba por el otro lado antes de retirarse; sin contar además que la fuga ya existía cuando este llegó al lugar. El desperdicio de materiales, aceite lubricante, aserrín y trapos más el desperdicio del tiempo del obrero reponiendo primero y limpiando después; multiplicado por la cantidad de años resulta algo francamente escandaloso e incomprensible para cualquier observador externo.
Mientras el mundo del management, hace tiempo ya, ha venido enfocándose en la flexibilidad de las organizaciones, en la importancia de la comunicación en sintonía con la era de la información, en el lado social de la empresa, en la relación con el cliente interno; en Japón, atrasado varias décadas en estos campos, las empresas mantienen estructuras rígidas y verticales que no solo no favorecen la comunicación fluida sino que la desincentivan.
Volviendo al aceite, si el operario se queja por tener que limpiar diariamente el piso, su jefe lo tomará por alguien que, en primer lugar, no tiene la disposición para trabajar (holgazán) y segundo, por alguien que tiene dificultades para colaborar y que no sigue las indicaciones (problemático). Si por un azar del destino su jefe perteneciese a aquella ínfima minoría que batalla porque su adoctrinamiento no termine de sepultar a su razón, el problema pasará al siguiente nivel, donde el jefe de sección, echando un rápido vistazo, decretará que ese problema tan sencillo se resuelve fácilmente…con un poco de aserrín.
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