Las hileras de máquinas con sus hileras de salpicaduras, manchas y charcos desentonan ya tanto con algunas de las «5 S», que la alta dirección decide poner manos en el asunto y nombra un grupo encargado para lidiar con el problema. Como suele suceder, y, aplicando la metodología de toma de decisiones en las firmas japonesas, lo más probable es que las acciones a tomar se hayan considerado y evaluado durante largo tiempo para luego realizar rápidamente los cambios necesarios.
Los carteles con el lema «CERO DERRAMES» que aparecen por toda la planta, de brillantes colores y con el infaltable muñequito rechoncho y de ojos enormes que grita el lema muy contento, no dejan de parecer contrastantes, por decir lo menos, con los adustos personajes de mirada hosca que, manos a la espalda y brazaletes de «PATROL» amarillo, se pasean en busca de la más mínima mancha.
Con el correr de los días y semanas la realidad es que la gran mayoría de filtraciones no han podido ser subsanadas de forma apropiada. Algunos mecánicos de planta sostenían, por lo bajo, que ellos suficiente tenían con las reparaciones habituales para mantener las máquinas funcionando. Los del turno de día achacaban la falta a los de la noche y viceversa, y otros más opinaban, nunca abiertamente, que debió contratarse personal externo para esa tarea en particular.
Lo cierto es que al final y siempre en concordancia con las maneras niponas, donde muchas veces, más de lo que se debería, prevalecen las formas antes que el fondo, las hileras de máquinas siguen formando manchas y pequeños charcos en el piso. Pero ahora, prohibidos los feos trapos de colores y materiales diversos con formas irregulares y que daban tan mal aspecto, han sido reemplazados por unos simétricos fieltros grises de pie por lado. A la vista de tan perfectas líneas y conmovido por el sentimiento del deber cumplido o tal vez por el próximo aumento en las bonificaciones, el jefe encargado del grupo «CERO DERRAMES», asiente y se permite una brevísima sonrisa.
Deja un comentario