A pesar de contar con paneles «TOUCH SCREEN», al lado de cada máquina se encuentran todavía los tableros con hojas de papel, los ubicuos «CHECK SHEET», en los que cada hora el operario debe anotar la cantidad producida. También hay hojas para anotar las medidas y otras para marcar los puntos a revisar antes de empezar el turno. El hecho de que estemos en el año 2021 en una corporación global trabajando con procedimientos tan obsoletos solo puede ser explicado por una conjunción de varios factores, siendo la jerarquía o mejor dicho, el mantenimiento de la jerarquía el principal de todos ellos.
Si con un par de toques en la pantalla tenemos acceso al historial de la producción por hora, por turno y por día, se hace difícil comprender porqué el esclavo de turno tiene que ir cada hora corriendo de máquina en máquina y de papel en papel perdiendo un valioso tiempo de trabajo efectivo. Precisamente y por extraño que pueda parecer, una de las razones para continuar con este procedimiento es el tiempo que se ahorraría el operario. Desde la visión miope de la administración en la manufactura japonesa, el buen obrero no es el que hace bien el trabajo sino el que MUESTRA que lo hace con muchísimo esfuerzo, sufrimiento y hasta dolor, a poder ser, mucho mejor. Si por su mala suerte alguno con inteligencia y habilidad, no solo consigue realizar un buen trabajo sino que además lo hace llevadero, permitiéndose sudar un poco menos, una sonrisa o algo imposible, tararear o silbar alguna tonadilla, se verá inmediatamente recargado de trabajos adicionales hasta ver emparejado su ánimo con el de los demás obreros. Es decir, al nivel del suelo. Ya lo dice el dicho japonés que en una traducción libre sería algo así como «Clavo que sobresale, martillo pide».
Recortar el sobretiempo sin reducir los objetivos de producción es otra forma de volver a presionar al obrero para que retorne a su estrés habitual. Sin embargo, esto no se hace muy a menudo porque nos encontraremos entonces en otro peldaño de esta jerarquía suicida. En un tira y afloja en el que nada tienen que ver los obreros, la oficina y los jefes de sección acuerdan la cantidad de horas extras por mes. Si la productividad aumenta, el sobretiempo es menor, pero el beneficio resultante es solo para la empresa, dejando algunas migajas para los jefes de sección y, como es obvio, una merma en el ingreso de los trabajadores.
Durante la época de la burbuja en Japón y el tan alabado crecimiento de la economía, los fabulosos ingresos de las empresas tenían su correlato en las irracionales jornadas laborales. En los últimos años, los nuevos trabajadores no solo son escasos, sino que además tienen una percepción más acorde con los tiempos, procurando un equilibrio entre el trabajo y la vida familiar o la realización personal, forzando a una imprescindible reducción de la jornada laboral aunque ello implique ver disminuidos sus salarios y que explican, en parte, el declive de algunos indicadores internacionales en los que Japón va retrocediendo inexorablemente.
El caso es que cada fin de mes, los papeles son recolectados y junto con la productividad, se arrojan en una gran caja de cartón. Eso sí, derrochando energía y a toda velocidad.
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